¿Conoces el minimalismo? No, no se trata de sobrevivir con un cactus, dos platos y una cafetera. Nada de restringirse, ¡sino de respirar! La idea es sencilla: hacer espacio para lo que realmente importa. Menos desorden, más esencial. Y reducir las cosas a lo esencial no es algo universal: cada uno debe inventar su propia versión. La que le haga sentir bien, no la que impresione al vecino. Poseer menos para vivir mejor, de acuerdo, pero ¿por dónde empezamos? Vamos, aquí tienes algunos consejos para vivir con menos, recuperando poco a poco el control. Sobre los objetos, sobre el espacio y también un poco sobre uno mismo.
💡¿Qué es el minimalismo?
Pero, ¿de dónde viene el concepto de minimalismo? De bastante lejos, ya que tiene sus raíces en una sabiduría milenaria, el budismo zen. Para sus seguidores, el vacío no es una ausencia, sino una presencia llena de posibilidades. El espacio deja respirar a las cosas... y a la mente.
El minimalismo moderno se instaló en la arquitectura y las galerías de arte en el siglo XX. Esta corriente artística busca la simplicidad: se elimina lo superfluo y, como por arte de magia, se revela lo esencial. Para brillar en sociedad, recuerda los nombres de Donald Judd, escultor, y Mies van der Rohe, arquitecto. «Less is more», decían. (= Menos es más, para aquellos que se saltaron las clases de inglés).
En la década de 2010, el minimalismo sale de los museos para entrar en nuestros hogares. Se convierte en un baluarte contra el agotamiento relacionado con el hiperconsumo y el exceso digital. Ya no buscamos poseer más, sino poseer «mejor». No se trata de vacío ni de austeridad, sino de conservar solo lo que realmente importa.
¿Por qué adoptar un estilo de vida minimalista?
¿Por qué llevar una vida minimalista? Buena pregunta. ¿Por qué rebelarse en un mundo que nos empuja constantemente a querer más, más nuevo, más conectado?
Reducir la carga mental
Aligerar tu entorno es como cerrar 17 pestañas abiertas en tu cerebro. Cada objeto que poseemos requiere una pequeña dosis de atención: guardarlo, limpiarlo, encontrarlo, repararlo... o sentirnos culpables por no usarlo nunca. Sí, como ese sello con forma de guitarra que compraste durante un arrrebato de 48 horas.
Menos objetos = menos microdecisiones absurdas («¿Me llevo el paraguas verde pino o verde oliva?»). Resultado: más energía para las decisiones importantes.
Priorizar la experiencia sobre la posesión
Sentirse agobiado por las propias cosas es un poco irónico. Así que «tengo, luego existo» se transforma poco a poco en «vivo, luego siento». Esto supone un ahorro de dinero en compras impulsivas y un ahorro de tiempo al no tener que buscar durante 12 minutos tu jersey favorito en un armario repleto. Reinvertimos en viajes, encuentros, momentos para compartir... Bienvenidos a la slow life y a sus recuerdos inmateriales, infinitamente más valiosos.
Consumir menos para cuidar el planeta
El minimalismo nos invita a preferir un único objeto bonito, cargado de historia, a diez baratijas intercambiables. No hace falta que te lo expliquemos (aunque nos encanta hacerlo), el planeta no quiere otro gadget más envuelto en plástico y entregado en 24 horas. ¡Ahí es donde entra en escena el método BISOU y sus 5 pequeñas letras para consumir menos y evitar muchas compras innecesarias!
Tipos de minimalismo: cómo aplicarlo en tu vida
El minimalismo puede infiltrarse en todas partes, en los armarios, en los teléfonos e incluso en los platos:
-
Minimalismo en la decoración: cada objeto tiene su lugar y, sobre todo, una razón para estar ahí. Ya no guardamos cosas «por si acaso», sino que elegimos «porque sí» (y no porque estuviera en oferta, claro).
-
Minimalismo en la ropa: se poseen pocas piezas, pero de calidad, y todas ellas combinan entre sí. El armario cápsula evita el pánico a las 7:42 de la mañana.
-
Minimalismo digital: ya no buscamos estar en todas partes, sino estar plenamente donde elegimos estar. Limpiamos el escritorio de nuestro ordenador, clasificamos nuestras fotos (sí, sí, las 9.876) y limitamos nuestras aplicaciones.
-
Minimalismo en la cocina: se busca el sabor original, sin artificios, con pocos ingredientes, pero de la mejor calidad. ¡Menos ostentación, más sabor y menos vajilla!
-
Minimalismo en el trabajo : se reducen los procesos, se aclaran las prioridades (no, no todo es urgente), se evitan las reuniones «para hacer un balance del próximo punto» y, sobre todo, se guardan los PowerPoint de 58 diapositivas con gráficos de colores para sustituirlos por... frases, ¿por qué no?
👉 Para leer también: ¿Una pequeña desintoxicación digital?
Cómo empezar el minimalismo paso a paso
Convertirse en minimalista no significa tirar todo en un gran impulso dramático. Es cierto que los radicales dicen que solo poseen unos quince objetos... pero no todos estamos obligados a comer semillas frente a una pared blanca. Entonces, en un enfoque más realista, nos hacemos la pregunta más simple: ¿qué necesitamos realmente para ser felices?
Cuando no sabes por dónde empezar, el Minimalism Game, ideado por los estadounidenses Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus, es un reto bastante divertido: el primer día te deshaces de un objeto, el segundo de dos, y así sucesivamente durante 30 días. En un mes, te deshaces de... ¡465 objetos!
¿Algún consejo si no estás seguro de deshacerte de un objeto? Mételo en una caja. Si en seis meses no la has abierto... es hora de decirle adiós para siempre. En cuanto a la ropa, dale la vuelta a todas las perchas. Cada vez que te pongas una prenda, vuelve a colocar la percha en su sitio. ¡Haz balance al cabo de un año!
Y para no volver a caer en la acumulación, podemos adoptar la regla «uno entra, uno sale». El principio es sencillo: cada nuevo objeto que entra en tu casa debe sustituir a otro. ¿Llega un libro? Otro encuentra un nuevo hogar. Se mantiene el equilibrio, tu espacio respira y tú también.
¿Y qué es el minimalismo mental?
El minimalismo no se limita a los objetos, también puede invadir nuestra mente para calmar el torbellino interior. El objetivo del minimalismo mental no es dejar de pensar (spoiler: imposible, no eres una esponja marina de vacaciones), sino evitar tener 11 conversaciones mentales abiertas al mismo tiempo. Algunas pistas:
-
Desactivar las notificaciones: sí, sobre todo las alertas que te avisan de que alguien que no conoces ha dado «Me gusta» a una foto de un gato que tampoco conoces.
-
Hacer una sola cosa a la vez: al cerebro le encanta terminar una tarea antes de empezar otra, y no, nadie es eficaz en la multitarea (nuevo spoiler).
-
Practicar el «brain dump»: escribe todo lo que le da vueltas en la cabeza en una hoja de papel (ya sabes, ese trozo de papel blanco liso o rayado) en lugar de enviarse un correo electrónico... a ti mismo.
-
Planificar momentos sin pantallas: caminar, leer, mirar al techo (¿por qué no?). El cerebro necesita silencio para asimilar la información.
-
Decir no más a menudo: ¡no, no y no, punto!
Y luego están esas actividades relajantes, casi meditativas, que encajan perfectamente con el espíritu minimalista. Aquellas que no requieren rendimiento, notificaciones ni comparaciones. Sentarse a la mesa, apagar el teléfono, dejar que el té repose... y hacer pacientemente un bonito rompecabezas de 1000 piezas, por ejemplo. Pieza a pieza, sin prisas. Solo tú, unos trozos de cartón y el tiempo que se ralentiza.
👉 Para leer también: 13 manualidades para adultos
Fuente: Minimalismo: un documental sobre las cosas importantes, Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus.
La clase verde - Puzzle de 1000 piezas
La puerta de la nevera - Puzzle 1000 piezas
Comer al aire libre - Puzzle de 1000 piezas
Nada que ponerse - Puzzle 1000 piezas
